
En 1973, varios grupos formaron el movimiento ‘Stop de Kindermoord’ (Paren el asesinato de niños). Con protestas en las calles, pedían a los gobernantes que organizaran el espacio público para que los niños pudieran salir a jugar lejos de los carros y rodeados de bicicletas.
Dos años después nació la Unión Holandesa de Ciclistas: salían en bicicleta a bloquear las vías y a pedir más espacio.
Martijn van Es, miembro de la Unión, cuenta que en los años 70 los holandeses lograron que el gobierno construyera ciclorrutas gracias a las marchas y bloqueos y que “40 años después, las marchas ya no son necesarias porque la gente y los gobernantes entienden que la ‘cicla’ es el mejor medio de transporte”.