
Los alimentos que crujen.
Patatas de bolsa, maiz frito, pipas… todo lo que hace ese sonidito en tu boca es adictivo. Tu cerebro ya lo relaciona con el placer y no puede parar. ¿Has intentado alguna vez comer una sola pipa? Imposible!!

La hamburguesa con queso.
La combinación de grasas y los componentes del queso (presentes en todos los lácteos) activan en tu cabeza la llamada la hormona de la felicidad.