Come de forma saludable
Quedarnos cortos o excedernos en nuestra alimentación también tiene su eco en la delicada maquinaria del cerebro. Una dieta baja en glucosa, alta en fibra, con cantidades moderadas de grasa y proteína, se descompone más lentamente en el cuerpo que los alimentos con un alto índice glucémico, como los dulces, los macarrones o los cereales azucarados.

Y es que, no olvidemos que un ritmo constante de la digestión en el intestino proporciona un flujo más confiable de energía al cerebro, lo que probablemente optimiza la salud y el rendimiento a largo plazo de nuestro órgano pensante.
Vigila la dieta
Darnos demasiados caprichos puede provocar que nuestro cerebro se ralentice y, a largo plazo, conducir a un detrimento de su funcionamiento. También es cierto que ingerir muy pocas calorías también puede afectar a la función cerebral.
Darnos demasiados caprichos puede provocar que nuestro cerebro se ralentice y, a largo plazo, conducir a un detrimento de su funcionamiento. También es cierto que ingerir muy pocas calorías también puede afectar a la función cerebral.
