6. Las heces de ballena.

Los científicos, para controlar la salud y conocer los hábitos de alimentación de las ballenas, tienen, entre otras cosas, que examinar las heces de las mismas. Sólo hay un problema: los excrementos suelen flotar sólo durante media hora después de que la ballena los expulsa, lo que hace necesario que los científicos pongan sus manos en las heces tan pronto como sea posible.
La solución consistió en entrenar a los perros para detectarlos. Y son buenos: pueden oler las heces a 1.6 kilómetros de distancia, indicando a los científicos a dónde ir para encontrar su tesoro. Para guiar a los humanos interesado en heces, el perro puede inclinarse a la derecha o la izquierda, o sacudir la oreja derecha o izquierda.